La primera conferencia sobre DGIR tiene una gran carga clínica y emocional

Escrito por un padre de Genspect, Derek Duval. Traducido por Agrupación Amanda. (For the English version, please go here.)

El sábado 20 de noviembre de 2021, Genspect organizó la primera conferencia sobre la disforia de género de inicio rápido:  DGIR: lo que sabemos y lo que estamos aprendiendo.

El evento reunió a algunos de los profesionales más destacados en el debate sobre el género: La Dra. Lisa Littman, autora del estudio seminal de 2018 sobre la DGIR; el Dr. David Bell, exgobernador del Tavistock & Portman NHS Trust del Reino Unido; y la fundadora de Genspect, la psicoterapeuta y autora de bestsellers Stella O’Malley. El seminario web también incluyó una poderosa contribución de una madre activista que está trabajando para concienciar sobre la DGIR.  La audiencia virtual de más de 350 personas de todo el mundo incluía a médicos, investigadores, periodistas, cineastas y padres.

Reconociendo que el debate social en torno a la DGIR es a menudo difícil, el moderador Angus Fox abrió la conferencia diciendo: “Este evento se presenta de buena fe… estamos tratando de ayudar a las personas vulnerables… nadie tiene todas las respuestas y estamos tratando de hacer las preguntas más reflexivas y relevantes”.  Dado que la DGIR es una descripción de un fenómeno y no un diagnóstico, Fox continuó diciendo que la intención de los ponentes es “conseguir una comprensión más profunda de esta nueva cohorte y enfatizar que la experiencia de una persona no niega la experiencia de otra”.

A continuación, incluimos unos extractos de cada ponencia, con el fin de presentar un breve resumen del evento y en la esperanza de animar a la audiencia a ver el seminario web en su totalidad aquí.  Las presentaciones completas son realmente impactantes y recomendamos verlas en su totalidad.

Stella O’Malley, líder de opinión en el campo de la terapia de género, habló primero sobre “Cómo trabajan los profesionales clínicos con la DGIR”.  O’Malley afirmó que la pregunta más habitual que le hacen es “¿De dónde viene todo esto?” y continuó señalando que, especialmente para los adolescentes con problemas psicológicos, no hay casi nada más seductor en la vida que el hecho de que alguien diga “Puedes ser alguien diferente… puedes ser una persona completamente nueva”.

En un segmento especialmente destacado, O’Malley subrayó que no existe un fundamento científico revisado por profesionales que respalde el enfoque terapéutico afirmativo a largo plazo, y subraya que la afirmación no equivale a la confirmación.  “Afirmas los sentimientos de tu cliente, pero eso no significa que confirmes cada pensamiento o idea que tenga”, dijo O’Malley, y continuó diciendo que si los terapeutas pasan directamente de afirmar a confirmar a los jóvenes que están explorando la identidad de género, “puedes eliminar inadvertidamente la autonomía, impedir el proceso terapéutico y también interponerte en las oportunidades de progreso terapéutico.”  La adolescencia es la búsqueda de la identidad.  No se detiene ni se congela en un momento.

O’Malley no se anduvo con rodeos a la hora de abordar la desconcertante disposición de los profesionales de la medicina y la salud mental a participar en el diagnóstico y el tratamiento dejándose dirigir por los niños. “Cuando un niño dice que no le importa su futura sexualidad o su futura fertilidad… Tenemos que escuchar… pero tenemos que asegurarnos de seguir siendo los adultos en la sala, y darnos cuenta de que un niño no puede conceptualizar el impacto de la pérdida de fertilidad cuando tiene doce años”.  Hacerlo es abdicar de todo lo que sabemos sobre psicología infantil y adolescente.

Creo que la libertad de entrar y salir de las identidades es muy importante”.

-Stella O’Malley

Aunque una fuerte corriente cultural celebra a cualquiera que reivindique una identidad trans, también encasilla a los niños.  Ella señaló: “Cuando la gente los aclama, ¿cómo se permiten salir de la identidad?”. Del mismo modo que la anorexia, las autolesiones o los falsos recuerdos de abusos en rituales satánicos son formas actuales e históricas de enfrentarse a la angustia desmedida durante la adolescencia y la juventud, cada vez se habla más de la aparición repentina y tardía de una identidad trans con una etiología similar: una nueva forma de lidiar con un conjunto de síntomas antiguos.

“El género, la disforia, la DGIR, la sexualidad, el trauma y la comorbilidad son temas complejos que afectan a una diversidad de personas de diversas maneras…. Cada uno de estos fenómenos requiere un debate sensible: la experiencia de una persona no niega la de otra”. Y, sin embargo, hay muchas voces influyentes que reclaman una alternativa simplista: Validar rápidamente el autodiagnóstico de disforia de género de un joven como prueba de una identidad trans inmutable, que requiere una intervención médica inmediata e irreversible como solución.

¿Cómo hemos llegado a un punto en el que cuestionar el camino y la presentación de la angustia de cada individuo para entender, tratar y proteger mejor su futuro es un error?

Jude, madre de una hija trans-identificada en Australia, habló a continuación y compartió su historia “De la teoría a la realidad: Cuando la DGIR golpea a tu familia”.

Mientras Jude compartía con valentía y elocuencia los problemas de salud mental de su hija, los comentarios en el chat parecían saltar de la pantalla ofreciéndole apoyo, admiración y, con demasiada frecuencia, dolorosa solidaridad, ya que su historia se hace eco de las de tantos otros padres que la escuchan desde todo el mundo.

Jude describió la experiencia de su familia con la repentina transidentificación de su hija a los casi 18 años, después de varios años de graves trastornos emocionales desde la pubertad.  Su historia es un relato familiar de disforia de género iatrogénica como resultado de la influencia de Internet y de los compañeros, así como de los médicos que afirman el género y que cultivan la creencia de que “estar en el cuerpo equivocado” podría “explicarlo todo”.

Uno de los temas principales de Jude resuena con demasiada fuerza en muchos padres de niños DGIR:  Cómo las escuelas, los médicos y los profesionales de la salud mental ignoraron e incluso se burlaron de las aportaciones de Jude y su marido, no sólo sobre su experiencia con su hija a lo largo de toda su vida, sino también sobre las evidentes comorbilidades de salud mental de su hija. En lugar de ver la repentina identidad trans de su hija como parte de una compleja presentación de la agitación emocional, se la afirmó inmediatamente, y se empujó a su hija por el camino de la medicalización.  Jude relató sus años de crianza implicada y cariñosa y de cercanía con su hija, por lo que fue aún más devastador que profesionales que ni siquiera conocían su extenso historial psicológico la llamaran intolerante, transfóbica y peligrosa para su hija.

Jude describió cómo la reivindicación de una identidad transgénero en los tumultuosos años de la adolescencia es “fuertemente promovida por los principales medios de comunicación y las redes sociales como algo glamuroso, valiente, impresionante y genial”. Identificarse como trans les da de repente estatus y credibilidad, y se convierten en el centro de atención.  Para quienes son neuro-atípicos, están deprimidos, ansiosos o se cuestionan su autoestima, su orientación sexual o simplemente su propia existencia (como los adolescentes tienden a hacer desde el punto de vista del desarrollo, según Erik Erikson), la idea de una nueva identidad repentina que podría acabar con la angustia es más que seductora. Y siempre hay una “familia brillante” al final de la calle o en Internet para ofrecer un espejismo de apoyo y una letanía de desprecio a los padres “abusivos” de uno.

Las palabras de Jude son rotundas:

“Es difícil imaginar cualquier otra afección médica con un tratamiento grave que altere la vida en la que el diagnóstico dependa únicamente de la fiabilidad y exactitud del autoinforme de un niño o joven.  Se suponía que debíamos aceptar sin rechistar la descabellada idea de que nuestra hija se había convertido en un chico de la noche a la mañana a los 17 años y que, por lo tanto, necesitaba alterar su cuerpo para que coincidiera con alguna identidad interna invisible.”

“La profesión médica ha perdido de vista el juramento hipocrático, y han aceptado el autodiagnóstico de estos jóvenes.”

“Ser miembro de grupos de apoyo a los padres… ha sido crucial para ayudarme a superar el dolor, el shock y el horror de los últimos tres años… lamentablemente también me ha abierto los ojos a lo extendido que está el daño y a cuántas familias han sido completamente devastadas y rotas por la ideología de género.”

“Estamos en medio de un enorme escándalo médico.  Estamos realmente en una guerra para salvar a nuestros niños del daño.  Tenemos que detener el daño ahora”.

-Jude, madre de Australia

En su anterior función como respetado terapeuta clínico senior de la Clínica Tavistock en el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, el tercer ponente, el Dr. David Bell, escuchó las preocupaciones de sus compañeros de trabajo, cada vez más alarmados por el hecho de que niños con diversos antecedentes psicológicos fueran diagnosticados uniformemente como transgénero y puestos en el camino de la medicalización sin una evaluación adecuada.  Esta experiencia en primera línea, así como su dedicación profesional a la comprensión de la profundidad de la experiencia y el sufrimiento humanos, le hacen estar excepcionalmente cualificado para hablar de las preocupaciones clínicas y éticas del fenómeno DGIR.

El Dr. Bell explicó que la propia palabra “transgénero” es un término poco útil porque, tal y como se utiliza hoy en día de forma explosiva, abarca una multitud de historias individuales, sufrimientos e incluso síntomas diferentes.  Imploró a todos los que trabajan con estos jóvenes y adultos jóvenes que diferencien la experiencia de la disforia de género de la identidad del transexualismo.

“Aunque está claro que nos enfrentamos a un problema complejo con muchas vías causales, y ningún factor causal único, los servicios de género tienden a una simplificación muy perjudicial, peculiar y superficial”. Bell continuó diciendo que “la implicación del paciente en la toma de decisiones es, por supuesto, algo positivo, pero hay que distinguirla del no cuestionamiento del relato del paciente… cuando se convierte en no cuestionar, aquí vemos una perversión de la atención clínica… que se defiende como compromiso con el paciente”.

El Dr. Bell proporcionó una perspicaz descripción del psicoanálisis y del proceso terapéutico en general: “Tener a alguien de tu lado, pero no a alguien que se ponga de tu lado… eso es una cuestión totalmente diferente… ponerse de parte de alguien no es un acto de bondad… un acto de bondad es ser capaz de mantener una posición neutral y comprensiva”. El Dr. Bell lamentó que, en el paradigma afirmativo actualmente popular, “el compromiso reflexivo se trata como una especie de enemigo… el deseo de pensar a lo largo del tiempo y entender por qué este niño en particular se ha desarrollado de esta manera particular llega a ser visto como una expresión de transfobia.  Esto crea un universo y un mundo paranoico en el que o estás conmigo o estás contra mí”.

El Dr. Bell se refirió a las similitudes entre los pacientes que presentan disforia de género de inicio tardío y los que presentan anorexia o dismorfia corporal (con un convincente ejemplo de un hombre cuya insistencia en que necesitaba una rinoplastia, en desacuerdo con el cirujano plástico que lo remitió, se resolvió una vez que superó la dolorosa relación con su padre, de quien había heredado la forma de su nariz).

Al igual que muchos otros médicos que han observado el desarrollo del fenómeno DGIR, el Dr. Bell se siente perturbado por la importancia de la larga historia de la psicoterapia para comprender que las creencias dolorosas y a menudo distorsionadas de las personas sobre sí mismas pueden conducir a diversas manifestaciones de autoagresión, que ahora se olvida o se vilipendia cuando se trabaja con pacientes trans-identificados.

“La mayor parte del daño en torno a la ideología de género y los jóvenes tiene lugar en las escuelas hoy en día”.

-Dr. David Bell

La oradora principal de la conferencia, la Dra. Lisa Littman, es la autora del revolucionario estudio de 2018, Informes de los padres de adolescentes y adultos jóvenes que perciben signos de disforia de género de inicio rápido.  Su presentación describió este estudio histórico (que acuñó el término DGIR), así como su estudio de 2021, Individuos tratados por disforia de género con transición médica y/o quirúrgica que posteriormente destransicionaron:  encuesta a 100 personas que han desistido. La Dra. Littman también describe un tercer estudio (en curso) en el que explorará más a fondo las experiencias de los desistidores y detransicionadores que ya no se identifican como transgénero.

Tal vez debido a los constantes intentos de “cancelarla” como resultado de la reacción social arraigada en la incomodidad o la politización de su trabajo, la Dra. Littman se identificó auténticamente como “pro-LGBT, a favor de priorizar la salud y el bienestar de todas las personas que experimentan disforia de género, y a favor de plantear preguntas de investigación para comprender mejor una condición”.

Con diapositivas sucintas y atractivas, la Dra. Littman explicó claramente las dos corrientes de pensamiento que están en conflicto en la forma en que los profesionales tratan de entender y tratar a las personas con disforia de género en todo el mundo.  Destacó que lo que todos tienen en común es el deseo de ayudar a estas personas a resolver su angustia, pero que la conceptualización de la identidad de género y los tratamientos resultantes son muy diferentes.

Un grupo cree en una identidad de género innata e inmutable que es tan inherente como cualquier otro aspecto del ser, y por tanto, cuando el sexo biológico no coincide con la identidad de género innata, se cree que la transición es la respuesta, y el retraso se considera perjudicial”.  En este modelo, las condiciones de salud mental preexistentes son irrelevantes, y cada persona es vista como el género que dice ser, y es perjudicial no afirmar/confirmar y proporcionar intervenciones médicas para hacer que el cuerpo coincida con la identidad.

Por el contrario, un grupo cada vez más amplio cree en un modelo evolutivo para explicar el aumento estadísticamente impactante de jóvenes que se identifican como trans, y se muestra preocupado porque el acceso rápido a la transición “no diagnostique condiciones importantes y proporcione el tratamiento equivocado a algunos individuos”.  Los que defienden el modelo de desarrollo para entender y tratar a los jóvenes que se identifican como trans creen que las comorbilidades de salud mental, la influencia social y política en persona y en línea, la homofobia y la misoginia interiorizadas, así como las tradicionales dificultades de la pubertad contribuyen al atractivo de la idea de que uno puede cambiarse a sí mismo y escapar del sufrimiento.

El comportamiento de la Dra. Littman a lo largo de su presentación fue el de una persona curiosa, atenta y humilde a la vez que segura de sí misma.  Para quien conozca la controversia que rodea su trabajo, abordó el elefante en la habitación diciendo: “En pocas palabras, por qué creo que mi trabajo es tan controvertido… Creo que es porque mi investigación desafía el modelo y el enfoque de la transición rápida”.  Continuó describiendo su metodología, situándola dentro de las prácticas de investigación psicosocial establecidas, y abordando con tacto la incoherencia e hipocresía de los argumentos de los críticos sobre las limitaciones de su investigación: “Un grupo de expertos calificó mi estudio de ‘atroz desde el punto de vista metodológico’, mientras que otro de mis estudios que utilizaba exactamente los mismos métodos fue calificado de ‘fenomenal’.   Creo que el rechazo viene de un lugar ideológico fuerte”.

“¿Por qué se vilipendiaron tanto los métodos de mis estudios?  Creo que proviene de la falta de voluntad de escuchar información que desafía el modelo afirmativo de la identidad de género… Creo que el deseo de rechazar viene primero, y luego tratar de averiguar cómo rechazar.”

Dra. Lisa Littman

La Dra. Littman concluyó reiterando que los sorprendentes cambios en la población que actualmente busca atención para la disforia de género siguen alimentando su propia investigación.  Dado que los factores psicosociales, como la influencia social, el contagio social, los mecanismos de afrontamiento inadaptados, los traumas, los problemas psicológicos y la homofobia interiorizada, “pueden ser una de las varias explicaciones” del fenómeno de la DGIR, se necesita mucha más investigación, pero está claro que el estado de las pruebas sobre la hipótesis de la DGIR es “cada vez más fuerte”.

La conferencia terminó con O’Malley señalando la importancia crítica de conservar el vínculo padre-hijo. Animó a los padres afectados a unirse a Genspect, donde abundan las oportunidades de voluntariado para ayudar a difundir el mensaje.

Genspect espera que esta conferencia subraye que, aunque todos los que se ocupan de la población DGIR quieren ayudar, si no se escucha a los padres, si no se comprende la visión obtenida de la investigación del Dr. Littman y si no se recuerda y se aplica el conocimiento profundo del desarrollo psicológico de los adolescentes, estos jóvenes se verán perjudicados.

Puede ver la conferencia completa aquí: DGIR: Lo que sabemos y lo que estamos aprendiendo. Esta conferencia es sólo la primera de muchas que Genspect está planeando. Por favor, únase a nosotros en una futura conferencia.

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